La transformación del comercio internacional ya no es coyuntural: es estructural. Tensiones arancelarias, estrategias de nearshoring y una búsqueda creciente de resiliencia logística están redefiniendo las cadenas de suministro. En este nuevo escenario, América Latina comienza a posicionarse como alternativa frente a Asia en determinados mercados. Y, en ese proceso, el sector del cartón corrugado adquiere un protagonismo estratégico.
Del modelo global a la lógica regional
Durante décadas, la eficiencia productiva se concentró en Asia, bajo el paradigma de costos bajos y economías de escala. Sin embargo, las fricciones comerciales entre Estados Unidos y China, sumadas a interrupciones logísticas y mayores exigencias regulatorias, han impulsado a numerosas empresas a acercar sus operaciones a los mercados de destino.
México consolida su rol como plataforma manufacturera para Norteamérica. Centroamérica amplía su presencia en alimentos procesados y bienes industriales. Sudamérica fortalece su perfil agroexportador con mayor valor agregado. Este reordenamiento productivo tiene una consecuencia directa: aumenta la demanda de soluciones de embalaje eficientes, seguras y sostenibles.
El corrugado como soporte de la competitividad
El cartón corrugado no acompaña el comercio: lo hace posible. Cada envío de frutas frescas, cada lote de autopartes, cada embarque de electrodomésticos depende de un sistema de embalaje capaz de proteger, optimizar espacio y cumplir estándares internacionales.
En un entorno donde la proximidad geográfica reduce tiempos y costos, la eficiencia del empaque se convierte en variable estratégica. La capacidad de diseñar cajas que maximicen la resistencia con menor gramaje, que reduzcan mermas y faciliten la automatización logística puede marcar la diferencia en mercados altamente competitivos.
El corrugado, por tanto, deja de ser un insumo operativo para convertirse en infraestructura invisible del comercio regional.
Oportunidad estratégica, no automática
Ahora bien, el reposicionamiento frente a Asia no se traduce en ventaja garantizada. El mercado internacional exige trazabilidad de fibra, certificaciones ambientales robustas, estabilidad en calidad y tiempos de respuesta ágiles.
Los compradores globales evalúan huella de carbono, cumplimiento normativo y capacidad de adaptación ante cambios regulatorios. En este contexto, la competitividad del sector corrugador latinoamericano dependerá de su capacidad para fortalecer:
La ventaja comparativa solo se consolida cuando se transforma en ventaja competitiva sostenida.
Una visión regional para competir globalmente
El desafío no es únicamente empresarial; es sectorial y regional. Elevar estándares técnicos, compartir mejores prácticas y fortalecer la articulación entre fabricantes, proveedores y exportadores permitirá proyectar una narrativa sólida: América Latina no solo como proveedor alternativo, sino como socio logístico confiable y sostenible.
En este sentido, la cooperación técnica y los espacios de integración sectorial resultan decisivos para consolidar posicionamiento y cohesión estratégica.
El momento del corrugado latinoamericano
La fragmentación del comercio global genera incertidumbre, pero también abre espacios de reposicionamiento. Para el cartón corrugado en América Latina, este puede ser un punto de inflexión.
Si la región capitaliza su cercanía geográfica, su base industrial en expansión y su compromiso creciente con la sostenibilidad, el corrugado no solo acompañará el crecimiento exportador: será uno de sus pilares estructurales.